martes, 5 de abril de 2011

El Elegido

Dada la media noche en la obscuridad de su habitación, Mateo,  pintado por los matices del hipnótico resplandor azul del televisor, cerró los ojos cayendo en un profundo sueño. De pronto, una pesadilla en la que era perseguido por zombies, interrumpía su visita a los brazos de Morfeo.  Abrió los ojos y  casi a ciegas se levantó, empujó la ventana y  se encontró con un silencio total, cual toque de queda no se veía una sombra, no se escuchaba un murmullo, aquello simplemente era una ciudad fantasma.
Mateo sugestionado por los conocimientos y verdades reveladas en sus investigaciones, aunado a tanta catástrofe ocurrida en los últimos días, se encontró preparado para reaccionar ante un evento de ésta índole. Se abrigó, tomó su arma, lámpara de bolsillo y en una mochila metió cosas básicas, cubriendo su rostro con un pasamontañas y mimetizado con la nada que lo atemorizaba salió intentando pasar desapercibido.

Al llegar a la esquina donde la calle termina en perpendicular con un corredor, dio la vuelta encontrándose a cientos de personas gritando, huyendo despavoridas, todas miraban al cielo tratando de entender ¿qué era eso? Y ¿por qué estaba aquí?
Entre gritos y desesperación, Mateo quiso observar quién o qué provocaba tal caos, lo cual resultó imposible, el destello le cegaba y  las ondas de un sonido para él desconocido hasta entonces, le ensordecían.
Siguiendo su instinto de sobrevivencia, participó en el saqueo que al parecer era global,  tomó baterías y un par de botellas del vital líquido. Sin rumbo alguno corrió sin parar, el corazón parecía salirse y los pulmones reventar. La tienda saqueada estaba a menos de kilometro y medio pero el trayecto parecía eterno.
Mateo bajó el ritmo hasta detenerse, observó que unos caían y otros eran “levantados”, mientras que él, seguía intacto. Retomando el control consciente de lo acontecido, se sorprendió al encontrarse parado a la mitad de una vieja carretera. ¿Cómo llegó ahí? no tenía la más mínima idea.
Reaccionó, e intentó  buscar  respuestas a lo acontecido,  cuando fue cubierto por un manto de una luz no por menos celestial, ahora el terror y la angustia se acrecentaban. Se escuchó un grito aterrador y Mateo cayó inconsciente.

Justo a la media noche, Mateo abrió los ojos y de un brinco se reincorporó, el hipnótico resplandor azul del televisor le nublaba la visibilidad. Salió de la habitación y por debajo de la puerta contigua alcanzó a ver el destello de lo que el creyó era el mismo resplandor, suspiró dejándose caer a la cama. Viendo fijamente la ventana, se percató de que en ésta se reflejaba un extraño código proveniente del televisor. Exaltado empujó la ventana, se asomó y levantando la mirada se encontró con la enormidad de un planeta del tamaño de la Tierra, estaba tan cerca que se podían ver extraños objetos que lo circundaban.
Invadiéndolo el miedo,  quedó paralizado, era como si una fuerza extrasensorial lo tuviera envuelto en un campo de fuerza, luchando contra esta imposición, logró girar la cabeza hacia su costado derecho, quedando al descubierto la silueta de un ente. Éste medía aproximadamente 3 metros, era de color grisáceo y no se distinguían rasgos faciales, sólo se podía sentir una mirada dominante y a la vez escalofriante.
El Ser,  telepáticamente emitió un mensaje al cual extrañamente Mateo contestó…
“Dígitus Dei est hic”  “Aquí está el dedo de Dios”

No hay comentarios:

Publicar un comentario