lunes, 21 de marzo de 2011

Cuando la Luna se pone re grandota...

Cuando la Luna se pone re grandota, retoca fluorescentemente la razón de mi existir.

Imagino y hasta a veces me aventuro a darte un nombre, pero tu majestuosidad no se puede nombrar, sólo admirar.
Treinta años te he visto, lástima sólo 12 te he observado, nómada cual astro que eres, tus movimientos, reflejo de luz y belleza han confortado e inspirado mis pensamientos, reloj de mis sentimientos, guía de mis sueños, nunca tendré la fortuna de acariciar tu platinada capa, nunca podré admirar el “azul” desde tu perspectiva, pero así, de lejitos, te reconozco como maravilla universal, y mejor aún, te disfruto como parte de mi existencia.

¡Ni mandado a hacer!

Mejor día para aventurarme a compartir mis pensamientos, sentimientos y una que otra revelación extrasensorial o interplanetaria, creo que no pude escoger (ni mandado a hacer), veintiuno de marzo, equinoccio de primavera y reiteración de aquella frase que excusa de cualquier crítica negativa a la exposición de mi redacción “El derecho al respeto ajeno es la paz” (Benito Juárez 1867).